¡Las cocinas de palacio son gigantescas!
¡Las cocinas de palacio son gigantescas!
Todo el amor que le faltó hacia sus esposas, se lo dedicaba Enrique VIII a la comida. Por este motivo, cuando el rey británico adquirió el Palacio de Hampton Court en 1529, cuadruplicó el tamaño de las cocinas. Incorporó despensas de pescado, salas de repostería, chocolaterías, seis enormes fuegos y una zona para los productos lácteos. El resultado final fue un laberinto de más de 50 habitaciones con una superficie total de casi 300 metros cuadrados. Por lo que no es de extrañar que en la época de máximo esplendor del palacio trabajasen en las cocinas unas 200 personas para alimentar a la corte del monarca. El personal de cocina debía servir entre 600 y 800 comidas dos veces al día, por lo que suponemos que no era el trabajo menos estresante de palacio en aquella época... sobre todo conociendo la ligereza del monarca a la hora de decapitar a gente que no satisficiera sus deseos.
Ana Bolena dejó su marca en el palacio
Ana Bolena dejó su marca en el palacio
Toda esa comida había que consumirla en algún lugar, y ese lugar era el magnífico Great Hall (Gran Salón). Enrique VIII mandó construir este enorme salón de estilo medieval, con un llamativo techo de madera, para disfrutar de un entorno opulento en el que celebrar sus pantagruélicos banquetes. Entre estos muros se deleitaba el rey y toda su corte con asados de cerdo, pasteles de carne, faisanes, congrios y otros suculentos platos.
También en esta gran sala puede contemplarse una muestra de afecto del rey con su esposa Ana Bolena (antes de que esta cayese en desgracia, claro). Si te fijas bien en el magnífico techo de madera del salón, puede que veas las iniciales AR, Anna Regina, talladas junto al escudo de armas de la reina (es posible que necesites unos prismáticos, porque los techos son realmente altos en esta sala).
El palacio está embrujado, por supuesto
El palacio está embrujado, por supuesto
Ana Bolena no es la única de las esposas de Enrique VIII cuya presencia aún puede sentirse en el palacio. El fantasma ululante de la quinta esposa del monarca, Catherine Howard, es una presencia habitual en la Haunted Gallery (Galería Embrujada). También se dice que la aparición espectral de la tercera esposa, Jane Seymour, se pasea cada noche por las escaleras conocidas como Silverstick Stairs con una vela encendida. Tal vez esté buscando su corazón. Se dice que Enrique VIII lo hizo enterrar bajo el altar de la Capilla Real (Chapel Royal) de Hampton Court, mientras que el resto del cuerpo de la reina descansa en el Castillo de Windsor.
Y no se trata solo de miembros inquietos de la realeza británica: Sybil Penn, la Dama Gris (Grey Lady), también ha sido vista rondando por palacio. Sybil fue la leal sirvienta de la Casa Tudor que cuidó a Isabel I en Hampton Court cuando la reina enfermó de viruela. Isabel sobrevivió, pero Sybil se contagió y acabó muriendo de esta enfermedad.
Lo más antiguo del palacio es la cornamenta de un alce
Lo más antiguo del palacio es la cornamenta de un alce
Con apenas 500 años de edad (más o menos), Enrique VIII y sus fantasmales reinas son prácticamente unos bebés al lado de la famosa cornamenta de alce fosilizada que cuelga en la pared de la conocida como Horn Room (Sala de los Cuernos). La cornamenta, de la que se dice que tiene entre 15 000 y 20 000 años de antigüedad, fue un regalo del duque de Ormond al monarca Carlos II en el siglo XVI.
Hampton Court tiene la vid más grande del mundo
Hampton Court tiene la vid más grande del mundo
Sorprendentemente, la Gran Vid (Great Vine) de Hampton Court es posterior a Enrique VIII. De hecho, la plantó el legendario paisajista británico Lancelot "Capability" Brown en 1768, durante el reinado de Jorge III.
Casi 250 años después, en 2005, el Libro Guinness de los récords la certificó como la vid más grande del mundo, con una longitud media de 33 metros (¡la rama más larga en 2005 medía nada menos que 75 metros!) y un diámetro de casi 4 metros en su punto más ancho. En otras palabras, gigantesca. Pero posiblemente lo más sorprendente de todo es que, casi dos siglos y medio después, la vid sigue dando unas uvas estupendas que se cosechan cada año y se venden para su consumo local.
La gente lleva 300 años perdiéndose en el laberinto
La gente lleva 300 años perdiéndose en el laberinto
El diabólico laberinto trapezoidal de Hampton Court lleva más de tres siglos desorientando a sus visitantes. Encargado por Guillermo III a principios del siglo XVIII, sus altos setos de tejo ocultan docenas de astutos vericuetos diseñados para desconcertar, desubicar y despistar a quienes se atreven a adentrarse en él. ¿Nuestro consejo? Asegúrate de tener el móvil bien cargado, avisa a tus familiares de adónde vas y, a ser posible, deja un rastro de migas de pan que te ayude a desandar el camino en caso de necesidad.
Hay un reloj astronómico del siglo XVI
Hay un reloj astronómico del siglo XVI
Enrique VIII, que, como ya habrás apreciado, siempre tuvo tendencia a la extravagancia y la ostentación, encargó esta maravilla mecánica en 1540. Este precioso reloj astronómico de la era Tudor nada tiene que envidiar a la tecnología más puntera de tu teléfono. En él se puede leer la fecha, la hora, la fase lunar y el signo del zodiaco en el que te encuentras, e incluso la hora de la marea alta en el Puente de Londres. Que no se diga que no es posible ser ostentoso y práctico a la vez.
El reloj sigue funcionando perfectamente en la actualidad... otra cosa es saber leer todos los datos que proporciona. Suponemos que a quienes estamos acostumbrados al formato digital nos hará falta un cursillo acelerado para descifrarlo.
Hay obras de arte de gran valor
Hay obras de arte de gran valor
¿Sabías que la mayor colección privada de arte del mundo pertenece a la familia real británica? Pues ahora ya lo sabes. Y algunas de las piezas de la Colección Real pueden contemplarse precisamente en el Palacio de Hampton Court.
Echa un vistazo a los tapices decorativos en los que se relata la historia de Abraham que adornan el Gran Salón (Great Hall). Contempla los retratos reales del siglo XVI que hay en la Galería Embrujada (Haunted Gallery), si consigues dar esquinazo al espectro de Catherine, claro. Y descubre obras maestras de artistas de la talla de Rembrandt, Holbein y Gainsborough en la Galería de Arte Cumberland (Cumberland Art Gallery).
Hay una pista de tenis muy antigua
Hay una pista de tenis muy antigua
Cuesta creerlo, pero antes de entregarse por completo a la glotonería y a sus efectos secundarios (la gota y la diabetes), Enrique VIII era un joven ágil y atlético al que le encantaba jugar al tenis. Ya en la época del cardenal Wolsey (el anterior propietario del palacio), en la década de 1520, había canchas de tenis en Hampton Court. Las mismas que utilizaría más tarde Enrique VIII con sus amigos, cuando no salían de caza.
Aunque no es tan antigua, la cancha actual del palacio tampoco es precisamente nueva; la mandó construir Carlos I en 1625. De hecho, tres de los muros de la pista actual datan de esa época, mientras que el muro exterior sí que es el original de la época del cardenal Wolsey.
Hay una fuente de vino
Hay una fuente de vino
En realidad, la fuente actual es una réplica de la original, encargada por Enrique VIII para celebrar su amistad con el rey francés Francisco I. Con el fin de sellar sus buenas relaciones, los monarcas organizaron un fastuoso festival que duró 17 días. Algo más de dos semanas en las que la fuente (en realidad se instalaron dos fuentes de vino para el festival) proporcionó todo el vino necesario para los brindis celebratorios.
En la réplica del siglo XXI, el vino ya no fluye libremente, pero si llegas en el horario adecuado, podrás comprar una copa de vino servida directamente de la fuente.